
Se le encargó a Cat que creara una ilustración editorial en respuesta a un artículo que desgranaba la competencia de alto riesgo entre los principales estudios y los gigantes del streaming.
Trabajando desde su estudio de Londres, la obra de arte traduce complejas maniobras corporativas en torno a la propiedad intelectual en una escena audaz y simbólica, utilizando personajes expresivos y claridad gráfica para hacer que la historia sea legible al instante.
Con su paleta segura y su composición cuidadosamente equilibrada, la ilustración aporta tensión e impulso a la cobertura comercial de la publicación.