
La ilustración de Rohan para la portada de The Boy at the Window captura una sutil tensión, un equilibrio entre invitación e inquietud. Una figura en silueta aparece, atrayendo al espectador, mientras que la niebla circundante difumina la frontera entre seguridad y amenaza.
Las imágenes reflejan la pregunta central del libro: si lo desconocido debe mantenerse fuera o permitirse entrar con cautela. Mediante detalles minuciosos y una paleta de colores apagados e invernales, las ilustraciones crean una atmósfera coherente tanto en la portada como en el interior, moldeando la experiencia del lector a medida que se desarrolla la historia.
Galardonada con el premio Peters al Libro Infantil del Año, la portada es un claro ejemplo de cómo la ilustración puede realzar no solo la historia, sino también la sensación que transmite el libro en sí.